miércoles, 17 de noviembre de 2010

La naturaleza de los problemas. Su carácter psicológico

En el libro creatividad para resolver problemas de Mauro Rodríguez Estrada y Juan Antonio Fernández Ortega se destaca la polisemia del término PROBLEMA, de tal suerte que si pedimos a veinte personas que escriban la definición, es probable que obtengamos veinte definiciones diferentes.

Originalmente, problema significaba algún objeto físico, por ejemplo, una pared o una barda que una persona encontraba en su camino.

Pero fácilmente se vio la analogía entre el camino físico y el camino psicológico. Y se hizo la metáfora: problema vino a ser algo que se interpone en el “camino” entre la realidad actual de una persona y lo que necesita o desea. Y ahora se piensa en problemas en este segundo sentido.

Según los diccionarios, problema es:

-       Desacuerdo entre el pensamiento y los hechos o entre los hechos entre sí
-       Cuestión que se trata de aclarar
-       Proposición o dificultad de solución dudosa
-       Conjunto de hechos que dificultan la consecución de algún fin
-       Situación  en la que ciertos elementos, factores o condiciones son conocidos y otros desconocidos, tratándose de descubrir los desconocidos (Diccionario de Psicología de H. C. Warren)
-       La conciencia de una desviación de la norma (Boas)

Sin embargo, el concepto de problema dista de ser claro y evidente. La metáfora original nos lleva a pensar en los problemas como cosas, como objetos, como “algo que está ahí” frente a nosotros y fuera de nosotros.

Lo cierto es que un problema no es una realidad física, sino una realidad de orden psicológico: es una vivencia, una toma de conciencia. Tan es así que una misma situación es para Juan un problema terrible, para Pedro uno sencillo, y para Pablo no es problema. Por ejemplo, ante un vehículo que se descompone, cuando Juan no sabe nada de mecánica automotriz y Pablo es un experto en la materia.

Otro ejemplo es el caso descrito por Jossie en torno a la situación de tener que compartir el carril de nado en su club. En su circunstancia eso podría ser un problema, ya que a decir de ella, difícilmente mantiene la línea recta cuando realiza nado de dorso lo que eventualmente le llevaría a chocar con la persona que cruza a su lado. Ahora imaginémonos nosotros en esa misma situación, y aunque tampoco logremos nadar sin chocar o rozar a nuestro vecino, existen muchas variables que hacen que “una misma situación” se interprete de diferente manera y más aun que se convierta en un problema. Con un poco de imaginación podemos suponer que en su manifestación, en su asunción y en sus consecuencias ese mismo hecho es lo mejor que nos pudo haber ocurrido.

No se trata de “hacer de tripas corazón” o de asumir la frase de que “no hay mal que por bien no venga” o “al mal tiempo buena cara”. Sigo en la persistencia de nuestras representaciones.

El problema nace en una relación: entre lo que un individuo o un grupo tiene y lo que necesita o quiere.

En general, existe una base objetiva (digamos, cuando se quiere poner a prueba una hipótesis, o cuando un médico se halla frente a un enfermo graves). Pero hay también elementos subjetivos que hacen de todo problema una entidad relativa y fluctuante.

1 comentario:

  1. Es decir los problemas se generan en la mente de las personas, los ven de distintas perspectivas debido a las asociaciones que realiza el cerebro con respecto a este.
    Las asociaciones que se representan regularmente se establecen bajo bases analíticas u objetivas y es donde se dimensiona el tamaño, la prioridad, el tiempo, etc. del problema. Interesante tema Joel, saludos¡¡¡¡¡¡¡

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