miércoles, 20 de octubre de 2010

Palabras de bienvenida

De entrada, la creación de un blog personal representa ya un reto para ejercitar mi propia creatividad, por pretencioso que esto pueda escucharse.
Lo pretencioso viene a colación porque recuerdo un episodio de Batman y Robín donde este último decía al primero que sus músculos estaban adoloridos (seguramente después de alguno de esos onomatopéyicos intercambios de golpes), acto seguido aquel le contestó –con cierta dosis de ironía– que no podía dolerle aquello de lo que carecía.  Luego entonces, mi pretensión supone que tengo un “músculo” llamado creatividad al que puedo ejercitar.
Inmediatamente me pregunto cuál es el lugar y el contenido de eso que llamo “mi propia creatividad” ¿dónde está ese músculo? ¿Qué relación existe entre la creatividad y la originalidad? A ese respecto, otra remembranza:
Hace algunos años, al redactar una carta de exposición de motivos para obtener una beca con la que accedería a un centro de investigación, me “fusilé” una frase que había leído en un artículo, de tal suerte que expuse que además de transformar al mundo uno de mis propósitos era ser “más sabio, más humilde y más creativo”. 20 años después, con el módulo de Creatividad para la Toma de Decisiones en el marco del Diplomado de Desarrollo de Habilidades Gerenciales que actualmente curso en el ITAM, y por el cual estoy dando la bienvenida a este blog, se me presenta una oportunidad para evaluar qué tanto he avanzado en el tema de mi pensamiento creativo, por aquel entonces únicamente enunciado.
Hasta aquí mis atentos y amables lectores, podrán darse cuenta de una posible ambigüedad. Por un lado, estoy citando mi añeja intención por desarrollar mi creatividad y, por otro –al mismo tiempo y a falta de inspiración– mi capacidad de no fatigarme en busca de originalidad, hurtando frases que yo no acuñé. ¿Rebeldía o pereza mental? A simple vista la segunda opción tiene mayores argumentos ¿Tengo algo que decir a mi favor, más allá de la prisa que tenía para enviar mi carta? Supongo que sí.
No tengo problemas con apropiarme las ideas de otros, pues sé que en ese trayecto las estoy resignificando, y por ende no hay literalidad última, pues al aplicar las reglas del juego simultáneamente las estamos reinventando. Considero que este reconocimiento de mi permanente “tomar prestado” es un buen punto de partida.
Si hago estas confesiones, es porque no hablo en el sentido común de robarse una fórmula o una patente y quedarse con las regalías (al menos no es mi caso). Pienso que en el momento que concretamos o difundimos nuestras ideas o nuestra obra, éstas dejan de pertenecernos, tal y como afirmaba el personaje principal de El cartero de Neruda ante el reclamo del famoso poeta a quien “robaba” su poesía: aquel (el cartero) le respondía –palabras más, palabras menos– que “la poesía no es de quien la escribe sino de quien la usa”. Pienso que lo mismo ocurre con las ideas, sin que por ello le escatime al mundo su originalidad.
El filosofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1851), en su momento, escribió lo siguiente:
Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo: que quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas. (Debe, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido.)
Mi reto creativo consiste, pues, en salir de las ideas de aquellos que me han heredado o de quienes he tomado prestadas, sus propias ideas. Mi intuición es que ellos han hecho lo mismo y que el pensamiento creativo supone formas de articulación diversas en el contexto de múltiples e infinitos juegos de lenguaje.
El propósito de este blog personal es indagar sobre el tema de la creatividad, también llamada imaginación constructiva y ofrecer a los visitantes algunas herramientas para desarrollarla, particularmente con una orientación hacia la toma de decisiones.